Una nueva investigación publicada en septiembre de 2026 vuelve a poner el foco sobre una cuestión fundamental en microbiología agrícola: no basta con saber qué microorganismo contiene una formulación. La cepa, el tipo de propágulo, su concentración, su viabilidad, el sistema de producción y las condiciones de aplicación también importan. Por eso, en este artículo analizamos el estudio y cómo interpretar estos datos en una formulación de Metarhizium robertsii.
Cuando hablamos de microorganismos aplicados a la agricultura, es habitual fijarse primero en el nombre de la especie: Bacillus, Beauveria, Trichoderma, Purpureocillium, Metarhizium… Sin embargo, conocer el microorganismo es solo una parte de la información.
La investigación científica avanza hacia una caracterización mucho más precisa de las soluciones microbiológicas: qué cepa se utiliza, cómo se produce, qué estructuras biológicas contiene la formulación, cuál es su concentración, qué viabilidad presentan y cómo responden una vez aplicadas.
Un reciente estudio sobre Metarhizium anisopliae publicado en Journal of Applied Microbiology es un buen ejemplo. Además, sus resultados ayudan a entender por qué, en microbiología agrícola, la cantidad importa, pero no puede analizarse de forma aislada.
En 30 segundos
- Un nuevo estudio con M. anisopliae muestra que el tipo de propágulo puede modificar su comportamiento.
- Concentración y viabilidad son variables diferentes y deben interpretarse conjuntamente.
- Los resultados obtenidos con M. anisopliae no pueden extrapolarse directamente a M. robertsii NTC/FG/03.
- HTpro FLAME declara 2,02 × 10⁹ propágulos/mL y una viabilidad del 99 %.
Una nueva investigación sobre Metarhizium pone el foco en los propágulos
El trabajo, publicado el 11 de septiembre de 2026, estudió la producción de distintos hongos entomopatógenos. En concreto, analizó el comportamiento de diferentes propágulos de Metarhizium anisopliae.
Los investigadores evaluaron sistemas de fermentación sólida y líquida. Así comprobaron que las características de los propágulos obtenidos podían influir significativamente en su comportamiento.
Mediante fermentación sólida, las cepas estudiadas alcanzaron producciones superiores a 1 × 10⁹ conidios por gramo.
Posteriormente, diferentes propágulos de M. anisopliae fueron evaluados frente a Thaumastocoris peregrinus, un insecto invasor asociado al eucalipto. En las condiciones experimentales del estudio, todos ellos alcanzaron el 100 % de mortalidad de los adultos en cinco días.
Pero apareció una diferencia especialmente interesante. Las blastosporas producidas mediante uno de los sistemas de fermentación líquida alcanzaron un LT50 de 1,81 días. Es decir, el tiempo necesario para alcanzar el 50 % de mortalidad fue inferior al de otros tratamientos estudiados.
Sin embargo, estas mismas blastosporas mostraron también una mayor sensibilidad al calor que los conidios aéreos.
La enseñanza es clara: no existe una única variable que defina la calidad de una formulación microbiológica. Un tipo de propágulo puede destacar por una característica y, al mismo tiempo, presentar limitaciones frente a otra.

¿Qué implica este estudio para Metarhizium robertsii?
Antes de interpretar los datos, conviene separar lo que el estudio muestra de lo que no permite concluir.
Qué dice realmente el estudio
Qué dice
- El tipo de propágulo influye en características biológicas observadas.
- Algunas blastosporas mostraron una elevada velocidad de acción en el ensayo.
- Los conidios aéreos mostraron mayor tolerancia térmica que las blastosporas analizadas.
- Producción y características del propágulo deben considerarse conjuntamente.
Qué no dice
- No demuestra que más concentración implique automáticamente más eficacia.
- No estudia HTpro FLAME.
- Tampoco estudia M. robertsii NTC/FG/03.
- Sus resultados no pueden extrapolarse directamente a otras especies, cepas o productos.
Por ejemplo, el trabajo no permite comparar directamente una formulación comercial de Metarhizium robertsii con los resultados obtenidos con Metarhizium anisopliae. Son especies, cepas, sistemas de producción y condiciones experimentales diferentes.
Lo interesante está en otro punto: la investigación confirma la importancia de mirar más allá del nombre del microorganismo. Para comprender realmente una solución microbiológica debemos considerar conjuntamente:
- la especie;
- la cepa;
- el tipo de propágulo;
- la concentración;
- la viabilidad;
- el sistema de producción;
- la formulación;
- la estabilidad;
- las condiciones ambientales;
- el momento y método de aplicación.
Ésta es una de las grandes diferencias entre trabajar con un microorganismo y trabajar con una tecnología microbiológica.
¿Qué son los propágulos de Metarhizium?
El término propágulo hace referencia a las estructuras biológicas capaces de iniciar el desarrollo y propagación del microorganismo. En hongos como Metarhizium pueden encontrarse diferentes estructuras biológicas, y sus características pueden variar dependiendo del sistema de producción.
Por eso, cuando la ficha de un producto expresa la concentración en propágulos por mililitro, esa cifra informa sobre la carga microbiológica de la formulación. Pero debemos interpretarla correctamente.
Una elevada concentración no sustituye a una buena viabilidad. A su vez, una buena viabilidad no sustituye a una cepa correctamente seleccionada. Y una buena cepa tampoco garantiza por sí sola el resultado si las condiciones de aplicación no son adecuadas.
En microbiología, las variables trabajan juntas.

¿Qué significa 2,02 × 10⁹ propágulos/mL?
HTpro FLAME está formulado con Metarhizium robertsii NTC/FG/03 y presenta una concentración declarada de 2,02 × 10⁹ propágulos/mL. Expresado de una forma más fácil de visualizar, hablamos de 2.020 millones de propágulos por mililitro de producto.

Además, la formulación presenta una viabilidad declarada del 99 %. Son dos datos diferentes y ambos son relevantes:
- La concentración indica cuántos propágulos contiene la formulación por unidad de volumen.
- La viabilidad aporta información sobre la capacidad biológica de esos propágulos en las condiciones en las que se ha determinado.
Por tanto, cuando se analiza una formulación microbiológica, hablar solamente de concentración ofrece una visión incompleta.
Una elevada concentración no significa automáticamente una mayor eficacia
Éste es probablemente uno de los puntos más importantes. En microbiología agrícola no sería científicamente correcto establecer una regla del tipo «más propágulos = más eficacia».
La eficacia agronómica depende de muchas variables. Por eso, la concentración debe entenderse como una pieza dentro de un sistema mucho más amplio.
6 claves para interpretar una formulación microbiológica
1. Cepa
No todas las cepas de una misma especie presentan necesariamente el mismo comportamiento.
2. Concentración
Indica la cantidad de propágulos presente por unidad de producto.
3. Viabilidad
Permite interpretar qué proporción mantiene capacidad biológica en las condiciones analizadas.
4. Formulación
Influye en estabilidad y conservación.
5. Condiciones ambientales
Temperatura, humedad, radiación y características del medio pueden condicionar el comportamiento.
6. Aplicación
Momento, método y compatibilidad con otros tratamientos también son relevantes.
Metarhizium robertsii: por qué la cepa importa
La investigación actual presta cada vez más atención al concepto de cepa. Decir que una formulación contiene Metarhizium aporta información taxonómica, pero no describe completamente su comportamiento. Dentro del género existen distintas especies y, dentro de cada especie, diferentes cepas.
HTpro FLAME incorpora Metarhizium robertsii NTC/FG/03. La identificación concreta de la cepa es importante porque determinadas propiedades microbiológicas pueden depender de ella. Por tanto, no deben extrapolarse automáticamente desde otros Metarhizium estudiados en literatura científica.
De la misma manera, los resultados obtenidos en el nuevo estudio con M. anisopliae no pueden atribuirse directamente a M. robertsii NTC/FG/03. Lo que sí podemos extraer de esta investigación es el concepto general:
En microbiología agrícola, importa qué microorganismo utilizamos, pero también cómo lo producimos y cómo lo formulamos.
De la concentración a la microbiología de precisión
Durante los últimos años, el sector de los microorganismos agrícolas ha evolucionado rápidamente. Al principio, la pregunta era sencilla: ¿qué microorganismo puede beneficiar al cultivo?
Ahora las preguntas son mucho más específicas:
- ¿Qué cepa?
- ¿En qué concentración?
- ¿Con qué viabilidad?
- ¿Qué tipo de propágulo?
- ¿Mediante qué sistema de producción?
- ¿Qué estabilidad presenta?
- ¿Cómo coloniza?
- ¿Cuánto tiempo persiste?
- ¿Cuándo debe aplicarse?
- ¿Con qué productos es compatible?
Este cambio de enfoque está llevando progresivamente hacia una microbiología agrícola más precisa. Ya no se trata únicamente de introducir microorganismos en el sistema agrícola, sino de conseguir que la cepa adecuada llegue en la cantidad, condiciones y momento adecuados para poder desarrollar su actividad.
La aplicación también forma parte de la tecnología
Existe otro elemento que muchas veces queda fuera de la conversación sobre concentración: el protocolo de aplicación.
Los microorganismos son sistemas biológicos vivos. Por eso, factores como el pH, la temperatura, la humedad, la radiación, el momento del cultivo o la interacción con otros tratamientos pueden condicionar su comportamiento.
Una formulación microbiológica no debería utilizarse como si se tratase simplemente de una sustancia convencional: necesita un protocolo. Probablemente éste sea uno de los grandes campos de evolución de la microbiología agrícola en los próximos años.
No sólo tendremos productos cada vez más caracterizados. También tendremos protocolos cada vez más específicos para conseguir que esos microorganismos se establezcan y desarrollen su función en las mejores condiciones posibles.
HTpro FLAME: Metarhizium robertsii NTC/FG/03
HTpro FLAME está desarrollado a partir de Metarhizium robertsii NTC/FG/03, con una concentración mínima declarada de 2,02 × 10⁹ propágulos/mL y una viabilidad del 99 %.
Sin embargo, estos datos no deben entenderse como un argumento aislado. Forman parte de una tecnología que debe contemplar conjuntamente:
Cepa + concentración + viabilidad + formulación + protocolo de aplicación.
Ésa es la manera de trabajar con microorganismos desde un criterio técnico.
Microbiología que funciona
El nuevo estudio sobre Metarhizium vuelve a recordarnos algo esencial: en microbiología, el detalle importa.
Por eso, hablar de 2.020 millones de propágulos por mililitro tiene sentido cuando entendemos todo lo que existe detrás de esa cifra. Porque la microbiología agrícola no consiste simplemente en incorporar microorganismos, sino en trabajar con ellos con conocimiento, tecnología y criterio.
Idea clave
La concentración importa, pero no trabaja sola.
En microbiología agrícola, cepa, concentración, viabilidad, formulación y protocolo de aplicación forman parte del mismo sistema.
Microbiología que funciona.
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Fuente científica
Bulhões, T. S. et al. (2026). Production of Entomopathogenic Fungi and Pathogenicity of Metarhizium anisopliae against Thaumastocoris peregrinus (Hemiptera: Thaumastocoridae). Journal of Applied Microbiology.
Publicado online el 11 de septiembre de 2026.
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